Fabio Martínez (Cali, Colombia, 1955) y Alexey Antonov (Sebastopol, 1955)

Fabio Martínez (Cali, Colombia, 1955). Doctorado en Semiología de la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM). Entre sus libros, podemos destacar: Un habitante del séptimo cielo (novela), Pablo Baal y los hombres invisibles (novela), El tumbao de Betthoven (novela), El desmemoriado (novela) Del amor inconcluso (minificciones), La búsqueda del paraíso. Biografía de Jorge Isaacs, El viajero y la memoria (ensayo) y Los viajes de la música: Música y poesía Afroamericana (ensayo). Primer Premio 'Jorge Isaacs', 1999 y Primer Premio Latinoamericano de Ensayo 'René Uribe Ferrer', 1999. En la actualidad, es profesor titular de la Universidad del valle y columnista de El Tiempo.

Del libro Del amor inconcluso
MARTA Y EL CAZADOR

1
Desde hace quince años, Marta Borrero es mi mujer. Como en todo este tiempo no la he podido conocer, consulto el Diccionario Enciclopédico de Biología. La Biología es la mitad del destino de la mujer, dice, y gracias a la ciencia puedo hacerme a una idea más o menos clara de ella:
Marta: Carnívoro de los bosques de Asia y Europa que posee una piel preciadísima, sobre todo en invierno, cuando el pelaje luce en toda su belleza. Muchas veces su magnífica defensa contra el frío le atrae la bala del cazador, que toda la vida la persigue con codicia.
2
Con Marta nos acabamos de separar. Después de quince años de vivir juntos (hoy a la miseria humana le llaman vida), me queda una foto que nos tomamos en Miami, al lado de unos cachorros de león, y una cantidad de cuentas en rojo. Recuerdo que cuando nos acercamos a la jaula donde estaban los felinos, Marta y yo casi no podíamos sonreír por el olor nauseabundo que salía de la jaula. Marta por nada vomita.
Hoy, vuelvo a mirar el escenario de nuestro último viaje, y descubro con dolor que la foto que nos tomamos en aquella ocasión aún conserva el olor nauseabundo.
3
Marta ahora vive con el cazador. Él, como hombre boyante que es le ha regalado un cachorro de león para que le sirva de mascota cuando por razones de trabajo se ausenta de casa. Marta contempla al felino y, apenas llega a sus napias una corriente de aire nauseabunda, deja de sonreír, y le dan ganas de huir y mandar todo a la mierda.



Alexey Antonov (Sebastopol, 1955). Poeta, dramaturgo. Desde 1994 trabaja en la cátedra “Teoría de la Literatura y Crítica Literaria” del Instituto Literario Gorky. Docente. Dirige el círculo literario “Belkin” anexo al Instituto Literario Gorky (desde 2007). Publicó sus obras en diversas revistas y antologías. Laureado con el Premio “Gulliver Ruso” 2015 "Flash Story". Publicó artículos críticos en las revistas “Los Bordes”, “Moscú”, “La Educación Popular”, entre otras.


QUIENES NADAN MÁS ALLÁ DE LAS BOYAS
El que calla, otorga.
Refrán

“Apreciados huéspedes, por favor no naden más allá de las boyas. Es peligroso para su vida. Les deseamos felices vacaciones”. – dice una portavoz con cortesía. De hecho, todavía no está diciendo nada, pero ellos ya lo están esperando. “Apreciados huéspedes” – incluso son ellos. Y ellos por desgracia nadan más allá. Es la enésima vez que lo hacen. El enésimo año que están de vacaciones juntos. Tienen hijos y superficie habitable en común. Hace rato. Ellos duermen en la misma cama, cobijados cada uno con diferentes cobijas. Y muy pocas veces con la misma. Hace rato. Ellos casi no hablan. Bien sea que no hay de qué hablar, o que no hay por qué o con qué. Ya hace seis años.
Claro que ellos fingen que se comunican, se dicen el uno al otro palabras vacías sin sentido, por costumbre, en presencia de los hijos, padres y conocidos. Sólo que hay cada vez menos conocidos y aparecen cada vez menos. Cuidan a los nietos. Sólo que los hijos ya crecieron y viven uno en Kaliningrado[1], otra en Kamchatka[2]. Sólo que los difuntos padres – los unos y los otros –  están en el cementerio.
En la mañana el agua está tranquila, tierna y transparente. Ellos andan hacia ella por la arena, esquivando los veloces, bruscos, altos muchachos acomodando los toldos, al lado de los muchachos barriendo las algas del oleaje de anoche. Ellos se van cada uno a un guardarropa que todavía está cubierto de rocío, aunque fácilmente podrían usar uno solo. Luego extienden su colchoneta conjunta y buscan en la arena unas piedras parecidas para sujetar la colchoneta. Dos él, dos ella. Después se sientan y miran el agua. Miran el mar. Luego se bañan rápido. Luego se secan con la toalla común. Luego se acuestan al lado y se ponen a leer. Ella – a Ulítskaya[3], él – a Castañeda. Las sombras se achican, la arena se recalienta, y en ese mismo momento les dicen con una voz metálica: “Apreciados huéspedes, por favor no naden más allá de las boyas. Es peligroso para su vida. Les deseamos felices vacaciones”.
Ellos se relajan, se estiran y tratan de descansar de la manera más agradable. ¡Pero ni lo piensan! Se levantan crujiendo los postigos de los toldos, suena ronca la música optimista y vivificante, los vendedores ambulantes invitan a comprar los hojaldres, mejillones, cangrejos, camarones… El éter se llena de cancioncillas y los pipotes con la basura. Se inflan los toboganes de caucho y catamaranes, se bajan al agua los transportes de agua. Etcétera, etcétera.
Mientras tanto y entre tanto la playa se repleta densamente con biomasa. Llega por agua y tierra, con carritos y caminando. Es joven y vieja, fresca y arrugada, bronceada y pálida, gorda y flaca, linda y no, suficiente y demasiado descubierta. Consume los víveres, toma el líquido, absorbe la energía solar, se humedece, se comunica por los móviles. Interactúa. Y ellos miran.
Cuando el sol empieza a calentar y quemar en serio, ellos comen pizza con cerveza en “Mar”, “Madre Japonesa” o “Am-Bar” a la sombra de los toldos. Gracias a Dios, las pizzas son iguales en todos lados. Él come el picante “Siciliano”, ella – la clásica. Él piensa que ella piensa: “¿Cómo puedes comer eso?” Pero ella se queda callada. Igual que él. Y la cerveza es la misma, “Chernigovskoe[4] rubia”. Para él – 0,5, para ella – 0,33. En vidrio.
Durante la comida él mira a la muchacha al frente con un traje casi invisible, con una cruz muy pesada de oro encima de un tatuaje de dragón y con un piercing en el ombligo. Él trata de imaginar qué es lo que tiene en la cabeza. Qué clase de lío. Ella examina los grupos de músculos del pecho en relieve, bíceps y tríceps del muchacho bronceado con el pelo naranja de pie. Pero miran sin ninguna intención, sólo con la curiosidad ociosa indiferente. Una curiosidad entre los dos.
Pero la pizza no es la vida. No toda la vida. Uno no vive sólo con pizza, la pizza se acaba. Y ellos se devuelven a su colchoneta. Ahora ellos juntos se broncean de espalda. Él – con su espalda huesuda. Ella – con la suya, bueno con la suya. Hermosa. Todavía curvilínea. A veces deseada. Pero al fin -- ¿Qué? La espalda es la espalda. Y él se alista para dormirse. Pero ahora es la cuarta vez que “El Júpiter” navega, y es hora de su nado hasta aguas profundas. Entonces, ellos se ponen a nadar.
Ellos nadan despacio y rítmicamente. Nadan hombro con hombro. A brazada económica peatonal. Manteniendo el frente contra la ola tenaz y abrupta. Les mentan la madre los muchachos de las motos de agua. Pero no importa. Ellos los miran: él a la izquierda, ella a la derecha. Ella hacia Lubimovka[5], él hacia Tolstyak[6]. “Apreciados huéspedes…” – les dicen desde la orilla. Lo siguiente se lo lleva el viento. ¡Bah! Y nadan como en la niñez en el campamento de pioneros[7]. El mar se vuelve más denso, severo y espeso. Él se imagina que es un escarabajo, escalando por el borde del agua. Moviendo las patitas-manos flacas. Y abajo está el abismo. Y ella – una astilla desprendida. Arrastrada con los elementos libres del aire y del agua.
Ya está lejos de las boyas, cuando ellas, las boyas se convierten en puntos rojos bailantes casi invisibles, él se acuerda, cómo empezaba todo inevitablemente, cómo se construía todo firme. Cómo en el primer grado los pusieron a él y a ella en el primer pupitre en la primera fila. Cómo desde la niñez se atraía el uno al otro con una fuerza insuperable. Cómo ella le prestaba para leer los escasos La Isla del Tesoro, La Odisea del Capitán Blad, Los Hijos del Capitán Grant, Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino y La Isla Misteriosa. Como los leía noches seguidas, años seguidos y la adoraba por eso. Más exactamente la empezaba a adorar. Ya en ese entonces. Por Cartagena, por Tortuga, por Jamaica, por el cálido Barbados.
Cómo después los inscribieron para tomar clases de natación en la piscina de 25 metros con un entrenador de apellido chistoso: Shubabko. Cómo ella se enamoró sin ser correspondida de ese adulto esbelto Shubabko con anteojos, y él de repente se puso celoso. Cómo después ella tenía clases de baile, ágiles compañeros que se intercambiaban las parejas a menudo, y él tenía su buceo y peces. Sólo peces silenciosos. Cómo en la fiesta de graduación ella dijo: “¿Qué hago sin ti?” Cómo sentía una felicidad efímera. En el techo de escuela cubierto con material pegajoso, encima de la ciudad abrasada de luces.
Y después la capital, universidades, la natación sincronizada de ella, ictiología de él. Y el frío. Y las papas. Y el amor – en los catres de la residencia de estudiantes, en los apartamentos de amigas, con las sábanas sucias, por una horita, simplemente en los rincones de los pasillos de los apartamentos fríos malolientes y asquerosos. A través de las medias panty. ¿Qué más se va a hacer? Después – el cargo, apartamento, microondas, prosperidad. En el trabajo – los acuarios con los importados acipenser [8] desovando. Aburrimiento. Saciedad. Caviar.
¿Cómo hacerlo de nuevo? ¿Y diferente?
Pero no hay respuesta.
Nada.
Ella piensa diferente. Piensa en esa, no sabe ni cómo llamarla. En ese pez dormido. Esa, con quién se atrevió a olvidarla. 24 años atrás. En invierno. Donde la familia  Plotnikov. En la calle Razgulyaj 13, apartamento 91. Casi en su presencia. “Por un minuto”. Así se justificó. Pero no se puede perdonar. Entonces vive solo. Entonces nada. Entonces cállate.
Ella se hizo la tarea de lucir más joven. Mejor. Divertida. Luminosa. Y saben, le funciona. Ella se bronceó en el solario y se aclaró el cabello en el salón de belleza, se pintó las uñas de los pies en cinco colores vivos y llamativos, se afeitó por completo su pubis fuerte entrenado, se volvió más flaca, se volvió promiscua. Y ella recuerda, esa etapa promiscua. Y nada bueno.
Ella, sin duda, piensa en lo hijos, pero de paso. Los hijos ya son adultos, respetables, no les va a pasar nada a esos hijos y no necesitan nada. Nadie le debe a nadie.
Ella piensa en el futuro no realizado. En el yate, surcando algo por ahí, en el sol, mezclado con el viento, en los capitanes oliendo a ron. Pero ella piensa en general. Pero sobre todo en ese pez dormido. “¡Imposible! ¡Imposible! ¡Jamás! ¡Jamás! ¡Ni lo pienses!” – piensa ella.
Ya están en las aguas neutrales de nadie. Ya pasó detrás de ellos “El San-Petersburgo” gris y puntiagudo con el valeroso compañero de clase Vitek que casi no se veía en el puente. Pasó y no los notó. Estará ocupado. Estará guardando y protegiendo. Cuidando las aguas de la patria. Y ya no tienen fondo debajo de ellos. Allá está la oscuridad y el abismo. La fosa. La resaca. Pero ellos siguen nadando. “Hay que reparar la llave en la cocina”, -- piensa él. “Hay que llevar flores a la tumba de papa y mamá”, -- piensa ella. “Hay que hacer muchas cosas”, -- piensan los dos en silencio. Mientras tanto el hogar orilla se convirtió en una raya y Kacha[9] se envolvió en la niebla. “Ahora quizá el Sinope[10] está más cerca, pero allá no hay toalla afelpada”, -- piensa ella. “No, qué Sinope. Está más lejos que mejor olvidarlo, -- piensa él. “Recuerdas como el sol estaba acostándose en el mar y nosotros estábamos al lado del INBMS[11], -- piensa ella. “En el puente de dragones”, -- corrige él. “Los dos teníamos diecisiete años”, -- piensa ella. “Ya hace dos días había cumplido dieciocho”, -- corrige él. “Ah, sí”, --.se conforma ella en silencio. “¿Y recuerdas?...” “Recuerdo, recuerdo todo mejor que tú”, él se pone bravo en silencio. Y ellos nadan adelante.
Ella se puso brava con él en la mañana porque él rasguñó por casualidad su doloroso callo con una uña descuidada y amarillenta. Sirviendo sushi. Le rasguñó el alma. Él lo hizo de venganza porque ella cambio su indiferencia habitual por desprecio mordaz. Y están enojados por dentro. “¡Pues no! Tú das vuelta primero”, -- piensa ella. «Sólo después de Usted”, -- piensa él mortificado.
Él se voltea y no ve la orilla. Ya no se puede nadar de regreso. Ya no se puede regresar. Tendría que decir que es hora, hace rato es hora de girar, girar todo, pero ya es tarde y además no hablan. Y siguen nadando. ¿Qué más les queda?
La mar se pica una vez. Sólo una vez.
“Perdóname”, -- dice él.
“Y tú también”, -- dice ella.
Y ellos se ahogan bella y suavemente.
De espaldas.
Y se acuestan en el fondo.
Como Vertínskaya[12] en la película “Hombre anfibio”[13]
Pero juntos.
Al ladito.
Apreciados huéspedes, por favor no naden más allá de las boyas. Es peligroso para su vida. Les deseamos felices vacaciones. Toman cerveza Chernigovskoe. Vuelan con Aeroflot[14].












[1] Kaliningrado es una ciudad portuaria de Europa Oriental perteneciente a Rusia tras su ocupación en 1945.
[2]Kamchatka es una península volcánica de 1250 km de longitud situada en Siberia, al este de Rusia y que se interna en el océano Pacífico.
[3]Ulítskaya es una bioquímica y escritora famosa rusa nacida 21 de febrero de 1943, URSS. Ha publicado más de 10 novelas y varias colecciones de cuentos.
[4]Chernigovskoe es una marca de cerveza ucraniana.
[5] Lubimovka es un pueblo que hoy en día forma parte de Sebastopol, Crimea.
[6] Tolstyak (en ruso «Толстяк», -- El Gordo) es una playa en el norte de Sebastopol
[7] El Movimiento de Pioneros agrupa a organizaciones juveniles relacionadas con partidos comunistas, por lo general en estados socialistas.
[8] Acipenser es un género de peces conocidos popularmente como esturiones, mariones o sollos. Se considera uno de los peces más nutrientes y valiosos en Rusia, su caviar se considera una exquisitez.
[9] Kacha es un pueblo cerca de Sebastopol
[10] Sinope es una ciudad situada en la región del Mar Negro, en Turquía.
[11] El Instituto Biológico de los Mares del Sur
[12] Anastasia Vertinskaya es una actriz de cine y de teatro, fue distinguida como Artista del Pueblo de la RSFSR en 1988.
[13]“Hombre anfibio” es una película fantástica de la Unión Soviética filmada en 1962 y dirigida por Vladimir Chebotaryov y Gennadi Kazansky.
[14]Líneas Aéreas Rusas o Aeroflot es la línea aérea nacional de Rusia y la mayor de las existentes en el país.

Carolina Lozada (Valera, Venezuela 1974) e Irina Batakova (Berestá, 1970)

Carolina Lozada (Valera, Venezuela 1974) Licenciada en letras mención lengua y literatura hispanoamericana y venezolana (Universidad de Los Andes, ULA, Mérida). Es investigadora de la Cinemateca Nacional. Ganadora del I Certamen Internacional de Relato Breve “El País Literario” con el cuento “Viejo bar. Viejo tango” (Madrid, 2005); del Premio Municipal de Narrativa Oswaldo Trejo por el libro de relatos Memorias de azotea (Mérida, 2006) y del Premio Nacional de Narrativa Solar por su libro Adictos y transeúntes (Mérida, 2007). Además, su libro Historias de mujeres y ciudades obtuvo mención publicación en el I Certamen de Narrativa Salvador Garmendia (Caracas, 2006) y mención de honor en el II Concurso de Narrativa Antonio Márquez Salas de la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida, 2005), y Los cuentos de Natalia obtuvo mención publicación en el II Certamen de Narrativa Salvador Garmendia (Caracas, 2007).


RELACIONES EN TIEMPOS VERBALES
del libro Historias de mujeres y ciudades

Él espera la vida sentado en la parada del colectivo. Ella sube a la micro vestida de colores. Ambos ocupan asientos diagonales, cada cual asomado a la ventana que le correspondió. Los rostros, letreros y paradas se reproducen afuera, mientras ellos van pensando en sus tiempos verbales. Él, en su pretérito imperfecto, cuando se enamoraba, cuando amaba, cuando se casaba, cuando su mujer se iba y lo abandonaba. Ella, mientras, piensa en su futuro imperfecto, cuando la vida le sonría, cuando se vaya de la ciudad, cuando deje de llover sobre sus párpados mojados. Entretanto el presente va haciendo su parada, pero ninguno de los dos se percata de ello. El chofer mira por el espejo y observa ambos rostros opuestos entre sí entregar sus miradas al afuera que no los involucra. Pronto el autobús hará su última parada, siguiendo las señales en la vía, ambos bajarán y una vez fuera cruzarán una instantánea mirada y luego cada cual seguirá su propia dirección, él hacia su pretérito imperfecto, ella hacia su futuro imperfecto.

Irina Batakova (Berestá, 1970). Graduada en la Academia Nacional de las Artes de Belorusia. Trabajó como diseñadora e ilustradora de libros. Graduada del Instituto Literario Gorky (2010). Ganadora del X Festival Internacional Voloshin en la sección “Prosa” (2012), laureada con el Premio “Gulliver Ruso” en la sección “cuento corto” (2015). Sus cuentos  se publicaron en las revistas “Niemen”, “El Monólogo”, “El Diapasón”, “Florida”, “Los Relatos de Belkin”, «Homo Legens», “Gvideón”, “La Amistad de los Pueblos” etc. Vive y trabaja en Minsk.

Traducción al castellano por Olga Slyunko

ARENA

Petya llegó en la noche. “Buenas noches, -- dijo él con la dulzura de Cambridge en la voz, -- me llamo Petya”. Y extendió a los amos de la casa un brazo pelirrojo entrenado – primero a Nicolás, luego a ella. Al principio no discernió bien los rasgos de su cara. Una lámpara en el corredor estrecho, enroscada en alto debajo del techo y tapada por la estantería de gorras le sombreaba la cara del visitante con reflejos amarillos acompañados con sombras fuertes, alumbrando bien sólo su coronilla. Cuando empezaron a tomar se supo que Petya ya había estado aquí antes. De verdad, cómo lo podríamos olvidar… Exacto – sí pasó, pasó, cinco o no sé cuántos años atrás, ¿a lo mejor en otoño? Sí, por ahí en septiembre – el humo de las hojas quemadas, la lluvia… Nos presentó Agueev, claro, claro. Recuerdo que servimos encima de una tabla: una botella de vino, naranjas, uvas nubladas… unas dos rubias piernonas (Agueev las trajo) – Natusik y Verunchik, algo así. A Petya lo pusieron en el centro de honor, Verunchik se acomodó al lado. Agueev acariciaba al amigo con la mirada enamorada (les presento mi compañero de la escuela, un genio científico) – Petya con una mirada infantil volteaba la cabeza curiosa a todos lados, Verunchik se acurrucaba por el miedo de rasgar las rodillas brillantes con los bordes de la tabla. Y de dónde es usted, ¿de Houston? ¿De Texas? -- ¡vaya, qué fin del mundo!, a lo mejor regrese, Petya, por ahí no entienden el humor ruso y sirven comida mexicana. Y ¿qué es lo que hace por allá en su obser…vatorio? O, es una larga historia, vamos a brindar mejor por la amistad.
Petya arruga su frente científica. ¿Verunchik? No la recuerdo. A usted, Lenochka, la recuerdo bien… Y las rubias – ni siquiera vagamente aparecen… Y, por cierto, recuerdo esa silla – ¡qué cestería! ¿Calamus[1]? Me encantan cositas así. No se envejecen. Lástima que se desgastó. ¿Parece que en aquel entonces estaba todavía bien? Sí, y ahora hay un hueco. No importa, hasta lo hace más encantador. Se puede tender de nuevo… No, demasiado trabajo, adentro están los ganchos, hay que desarmar todo, quitar, tejer de nuevo, de la nueva corteza… Y esa cómoda – ¿parece que antes no estaba aquí? ¿Será que es nogal? Sí, es nuestro orgullo. Lo conseguimos en el mercado de pulgas, mire con qué suavidad están encorvados los ángulos. Y qué color. Un encanto. Una sección, aquella, en el centro – la hice yo para engrandar la altura. Vaya, jamás lo adivinaría, no se puede distinguir. ¿Y qué es lo blanco tan bonito por arriba? Es porcelana de Kuznetsovo[2], Petya. Lo trajimos de la mismísima Yalta[3]. Aquí está, mire. M-m-m. Sí, muy delicado. Nunca estuve en Yalta. ¿Cómo no? Así es, jamás estuve en Crimea. Es un delito. Es ofensivo -- nunca visitar la Crimea. Así pasó – no visité por allá. Hay que corregirlo. Estoy de acuerdo. Venga otro verano y nos largamos por allá. Con muchísimo gusto. Pero me doy cuenta por el contenido de la estantería que le gusta Schnittke[4]. A mí – no, me duele la cabeza, no lo entiendo, es todo de Kolya. Sí, todo es mío. ¡Pero qué es eso! – mire aquí, ¿Ve? Ooo... ¿Quién lo explica? Vamos a ponerlo. Todo eso tiene que ver con los recuerdos de la juventud. Entiendo. Escuche eso… Carajo, otra vez se tranca. ¡Qué vaina! Déjalo, Kolya, eso no se puede recuperar. ¿Más tecito? Puede ser. Petya, cuéntenos sobre la irradiación relicta, dicen, que ahí es donde la física se pega al concepto del Dios… Bueno, saben… ¿Por qué no?... Si alguien necesita esa hipótesis, por qué no... Etcétera.
Petya, visítenos otra vez. Hablamos tan bien hoy sobre la teoría de Big Bang, también muchas palabras cariñosas se dijeron sobre la cómoda… -- ¡Ja-ja-ja! Lenochka, siempre, estoy listo hasta el amanecer… ¿qué es lo que dice, ya amaneció? ¿¡Las cuatro pasadas?! Entonces de verdad es hora de irme, a lo mejor. Sí, qué pena…Hasta luego, nos vemos. Cuidado, no se enganche, aquí tenemos cosas amontonadas. Ay, disculpa. Se esparció. No importa, no lo levante… Igual mañana hay que aspirar – ¿si oye cómo cruje la esterilla de la arena que tiene? De pronto fui yo quien la trajo… No-no-no, ese viene arrastrándose solo de no sé dónde, es de castigo, no tienes tiempo de pensarlo y todo ya está cubierto con arena. Bueno, hasta luego. Buenas noches, ya buenos días. Fue un placer… Igual. Hasta luego. Hasta luego.
Agotados al fin van a dormir. Pero Petya sigue hasta en el sueño. “¡Lenochka!” – se siente un susurro caliente al lado. Se ve sólo su mejilla con una esquina de la boca – pero es suficiente para entenderlo todo. “¿Todavía sigue aquí? – quiere estar sorprendida, pero no puede abrir los labios, porque la mejilla de Petya está apretada fuertemente contra su cara. La mejilla no se mueve, blanca, se derrite. En unos minutos todo está totalmente silencioso, sólo se escucha como el latido rápido del corazón se disipa en el goteo de la lluvia contra la lata. La lluvia se calma. Un día claro y nublado. Tratando de no mirar al lado del esposo durmiente, Lenochka camina lentamente descalza a la cocina, arrastrando en los hombros la cobija – para tomar de la tetera el agua con migas de cal y fumar.
Pero Petya seguía. Él venía y llamaba cada día. “Buenos días, soy yo, Petya. Bueno…” – anunciaba él con una voz agachada de humildad, como si estuviera callando el grado de su grandeza y conteniendo las emociones festivas de su interlocutor. Bueno, dice, traigo alegría, pero así es mi vocación – traer alegría. Cualquiera haría lo mismo si fuera yo. Saben, así es. Qué vamos a hacer. Así soy yo. Aquí estoy, querido y deseado. Buenos días. ¿Vamos a dar un paseo por el malecón hoy? Y así, a lo largo, a lo largo, hasta el final, hasta el atardecer – veremos como el sol se mete en la ranura estrecha del horizonte, escucharemos el chapoteo del catamarán tardío, los patos asustados echarán a volar del esparganio[5], dejarán correr las alas, acelerando el viento, y el viento acelerará con todas, empezará a dar vueltas por la ciudad, quitará las hojas del cerezo[6], dispersará por los senderos del parque la basura blanca de inflorescencia, comenzarán a balancearse los sauces[7] encima del agua, despertarán a las sirenas del río, y ellas estirarán hacia nosotros sus brazos malaquitas y cantarán las canciones tiernas de la muerte… Petya, Petya… Nunca estaremos juntos.
¿Y cuándo usted, Petya, planea reanudar su actividad científica al otro lado del océano? – Creo que en un mes. Sí, seguro. Más o menos.
¡Un mes entero! ¡Sólo un mes! ¿Cómo vamos a hacer sin él? ¿Qué pasará? ¿Cómo puede ser? No, es absolutamente imposible.
¿Y para que necesita ese Texas? – es peligroso por ahí, las praderas, cactus, ranchos, sombreros, cowboys en las botas coloridas. Me imagino como usted, Petya, que no es de ese mundo, camina por las praderas, por los senderos del coyote, por los desfiladeros, por las vías de migración de antílopes – con un astrolabio[8] en la axila, con un gorro del estrellero – un caminante solitario en la noche, mi corazón sangra. Un telescopio gigante crece de su iris, como un tallo de frijol mágico – atravesando las nubes y perdiéndose en el cielo roto. Usted tropieza con cada paso, porque tiene que caminar con la cabeza levantada para cargar ese óptico ojo titánico en la posición vertical, – mantener el equilibrio del acróbata, de lo contrario el cielo caerá a la tierra como un platillo de circo sin soporte. Que caiga encima de Texas. Y aquí – manténgalo un poquito más encima de nosotros. Quédese. Cuéntenos sobre el viento solar y los agujeros negros en el universo, todavía tenemos de qué hablar.
De pronto me demoro otra semanita, dice Petya con aire pensativo y rigurosidad. ¡Y en este caso por qué no irnos a alguna ciudad X! ¿Saben qué vista de atardecer tiene la Montaña del Castillo de aquel lugar? Las colinas como panes colorados están acostadas en las quebradas cubiertas con niebla, sobresaliendo de la obscuridad con sus costados redondos agrietados. El aroma a horno sofocante del verano está condimentado con enebro[9] y tomillo… Ay, ya estoy impaciente. ¡Vamos, vamos! Mañana, por rocío matutino. ¿Cómo que ya amaneció? ¡Entonces salimos de inmediato! Rápido, rápido, porque de lo contrario llegamos tarde, de repente todo roseó de una manera rápida e inevitable… Lenochka, ¿dónde estás? Si nosotros ahora mismo en este mismo instante no nos apresuramos, no hacemos este último esfuerzo sobre sí mismos… Pero qué es lo que pasa, no tiene que arrastrarme, usted me ha roto las medias, y de ahí se esparcieron las cebollas – ¿y ahora cómo voy a cocinar la sopa? Todo se ha dañado. Y no se ponga a consolarme. Y además no estoy lista para nada, no lo sé hacer, nunca lo he hecho, ¿y usted, Petya? ¿Usted sabe recibir el atardecer? Claro que sí, Lenochka, mi amor, en este asunto soy un maestro. Confíe en mí. Así, sí, y esta mano – por aquí. No-no, espere, no puedo así – un momento tan emocionante, me tengo que poner un vestido especial para el acontecimiento. ¿Dónde está? ¿Lo has visto, Kolya? Hace poco lo vi… este no, este tampoco, tampoco… Guácala, son unos trapos hechos polvo. Todo está perdido. Rápido, rápido, estamos tardándonos, Lenochka, ¿dónde te perdiste? No lo entiendo, no reconozco nada aquí. Todo está hecho de una manera tan movediza, absurda, incómoda… Todo se desbarata y se desmiga ahí mismo en las manos, se vuelve polvo y arena. Me hundo, ya no veo soporte ni sentido en nada… Cuántas veces he dicho que hay que llamar a un artesano para que lo repare. No te preocupes, Petya va a arreglar todo, lo va a hacer todo correcto. Petya sabe en qué posición hay que recibir el atardecer. Sí, lo sé, así soy yo, pido que me quiera y respete. Ay, Petya, ¿es posible no quererlo? Bueno, entonces confíe en mí rápido, vamos, déjeme ayudar, ábrase un poco, y después me ocupo del resto. Ánimo. Relájese, así… Sí… Sí, bien… Sí… sí… sí… sí… ¡Sí!... sí, sí, así, sí, sí, sí, sí, sí, sí, muy bien, así, ¡sí, sí, sí, sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Sííí… ааа, аааааааа, ааа  ааа аааааааааааааа аааааааааааааа… ¡Оооооооооооо! Аааааа… 
¿Ahora lo ve?
¿Qué?
¿Cómo qué? Usted dijo que ya no veía sentido en nada. ¿Ahora lo ve?
Muy confuso. Todo el tiempo me lo tapa algo.
En este caso estírese como un brote verde y aproveche el obstáculo como un soporte – agárrese y trepe, trepe arriba.
¿Y el sentido?
Usted se va a acercar a él apenas empiece a trepar… o sea crecer.
Todo en vano. Alrededor sólo hay arena, arena, arena, yo me marchito.





[1]Calamus es una liana de la familia de palmeras que se usa para la producción de muebles y como material de construcción.
[2] Porcelana que se hace en la ciudad de Konakovo (antes de 1930 Kuznetsovo), la región de Tver en Rusia.
[3] Yalta es una ciudad en la Crimea.
[4]Alfred Gárievich Schnittke (en ruso: Альфре́д Га́рриевич Шни́тке) (Enguels, 24 de noviembre de 1934 - Hamburgo, 3 de agosto de 1998), fue un prolífico compositor ruso, que vivió sus últimos años en Alemania. Es considerado uno de los más importantes músicos tardosoviéticos.
[5]Carex es un género de plantas perteneciente a la familia de las ciperáceas  distribuidas por casi todo el mundo pero con predominancia de las regiones frías y templadas. En la cultura popular se considera como protector de la brujería amorosa.
[6] El cerezo de racimos, o cerezo aliso, es una especie de árbol natural de Europa. Es un arbusto o pequeño árbol con las hojas caducas y flores blancas olorosas dispuestas en racimos largos y colgantes. El fruto es del tamaño de un guisante, negro y acre. Es un símbolo de la juventud y belleza femenina, ternura, pureza y amor.
[7] Salix o  "sauces" (el nombre común) se distribuye por las zonas frías y templadas del Hemisferio Norte, principalmente en tierras húmedas cerca al agua. El símbolo del sauce es el eterno ciclo de la vida.  Aparece como un símbolo del eterno renuevo cíclico. Al igual que las hojas del sauce al caer, los hombres al morir renacen en el gran espíritu.
[8] El astrolabio es un antiguo instrumento que permite determinar la posición y altura de las estrellas sobre la bóveda celeste. El astrolabio era usado por los navegantes, astrónomos y científicos en general para localizar los astros y observar su movimiento, para determinar la hora a partir de la latitud o, viceversa, para averiguar la latitud conociendo la hora.
[9] Enebros (que conservan el follaje juvenil espinoso toda su vida) o sabinas (que conservan el follaje juvenil espinoso solo los primeros años) son coníferas arbóreas o arbustivas, pertenecientes a la familia de las cipreses. La madera es aromática, de color rojizo, grano fino, muy resistente a la putrefacción, fácil de trabajar; se ha empleado en ebanistería y da buenos pilares y vigas. Es un símbolo de la vida eterna.

Renata Durán (Bogotá, 1950) y Alla Samokhina (Moscú, 1964)

Renata Durán (Bogotá, Colombia 1950). Ha publicado los libros   Muñeca rota (1981), Oculta ceremonia , (1985), Sombras sonor...